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Las fórmulas privatizadoras de la educación pública

La privatización de la educación pública es su objetivo, no debemos ocultarlo tras la fachada de los recortes y la inminente aprobación de la LOMCE.  Tras el fin de la burbuja inmobiliaria los defensores del capitalismo más salvaje han puesto sus ojos en la educación y en la sanidad como nuevos nichos de negocio. Es la realidad que nos está tocando vivir y ante la cual hay que luchar si no queremos retroceder a tiempos pretéritos que nos conduzcan a una sociedad brutalmente desigual.

La privatización de la educación, como sucede en sanidad, cuenta con varios modelos que queremos detallar:

        El primer modelo, el más extendido y conocido, es el de los conciertos educativos, que apareció en 1970 con la LGE (Recomendamos lectura sobre el origen de los conciertos educativos) Ya hemos explicado en numerosas ocasiones que la concertada es REPAGO, al pagar las familias dos veces por el mismo servicio, una a través de sus impuestos y otra a través de las “cuotas voluntarias”. Durante los años 80 el PSOE mantuvo la red de conciertos alegando que el estado era incapaz de crear tantos centros en tan poco tiempo al aumentar la demanda. Pero ahora, ese modelo, que pudo, en un momento dado, ayudar a sostener el sistema, se ha convertido en la fórmula usada por algunas comunidades como la de Madrid para desviar dinero público a manos privadas. En época de bonanza económica en vez de construir centros educativos, el dinero era empleado en carreteras, algunas ahora deficitarias, grandes obras faraónicas, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias y tantas y tantas otras, que han dejado las arcas vacías mientras el alumnado estudiaba en barracones. Las nuevas empresas que están adquiriendo los conciertos buscan negocio en el sector, ya que algunas son empresas de la construcción venidas a menos, y no creemos que se hayan reconvertido de una día para otro en entidades sin ánimo de lucro. ¿De dónde sacan dinero?: del comedor, en general más caro que el de la pública; uniformes (si ellos mismos los venden); de las extraescolares; y de otras cuotas que hacen de este, un negocio rentable. Máxime cuando la administración se hace cargo de algunos gastos como el pago de nóminas. Docentes que no han pasado por un proceso selectivo, más o menos transparente como unas oposiciones, cobran del dinero de todos. A las administraciones les sale rentable porque, a cambio de cederles el terreno, ellos son los que construyen el centro educativo. Les sale rentable a ellos, pero no a las familias que deben pagar las cuotas por algo que ya han pagado previamente. Es tan preocupante y tan rápido está siendo el cambio de modelo, que en la Comunidad de Madrid la pública y la privada están ya al 50%.

        Otra forma de privatizar es la que se está experimentando en las Escuelas Infantiles de la Comunidad de Madrid. La comunidad ha subido la cuota de las escuelas públicas y además ha subvencionado a las familias que llevan a sus hijos a la privada. Nos encontramos este año con la paradoja de que los centros privados son más demandados que los públicos porque son más baratos. Aquí lo que han hecho es engordar artificialmente el precio de la pública para poco a poco acabar con ella. Porque si seguimos así desaparecerá. La comunidad está, por tanto, favoreciendo el interés de empresas privadas que ya han visto en la educación infantil un negocio muy suculento. Cuando ya no haya escuelas públicas, que no dude nadie que los precios subirán. ¿Y entonces qué? tendremos que luchar para que abran centros públicos, que previamente hemos permitido que cerraran.

         En los últimos tiempos, además, hemos detectado una nueva forma de privatizar, un nuevo sistema que también se está probando en las Escuelas Infantiles. Lo que tratan de imponer, como ocurre ya en los hospitales, es la gestión indirecta. En este caso se crean centros públicos cuya gestión es cedida a una empresa privada. A esta se le otorga una subvención con la que gestionar todo el proyecto, por lo que la administración ya no paga nada más. Pero, si un servicio tiene un valor y obtengo una subvención X y además quiero obtener beneficio (como cualquier empresa privada) pues recortaré de algún sitio: sueldo de los docentes (pieza clave en el sistema, colectivo cada vez peor tratado); de los materiales usados en clase; de la comida que se le da al alumnado…

Unas de las grandes paradojas es que, tanto en el último modelo expuesto como en el primero, los políticos y los carteles que cuelgan de ellos hablan de centros públicos, cuando no lo son. Actualmente en algunas CCAA es difícil identificar unos centros u otros a simple vista, porque ya se han encargado las autoridades de que parezcan públicos sin serlo. Porque recibir dinero público no implica que el servicio al que se destine  lo sea. Al igual que pasa en los hospitales, el servicio, cuando se privatiza se resiente, y en el caso de la escuela aún más,  ya que las diferencias entre los que tienen dinero y no se agudizan.

Por todo ello, desde este colectivo queremos alertar a la marea verde que recorre toda España para que no olvide que la lucha es contra la privatización, una privatización que, aunque silenciosa, avanza extendiéndose por todo el estado. #verdeindefinida

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