CONTRA EL CHEQUE ESCOLAR, POR LA VERDADERA LIBERTAD EDUCATIVA.

¿POR QUÉ EL CHEQUE ESCOLAR ES LO PEOR QUE LE PUEDE PASAR A LA EDUCACIÓN ACTUAL?

En los últimos tiempos, partidos políticos como PP, Ciudadanos o Vox aspiran a solucionar todos los problemas del sistema escolar español promoviendo lo que ellos llaman «la libertad de elección educativa». Este significante vacío a menudo se formula de dos maneras diferentes: en su versión moderada, es una defensa de la educación concertada, tal y como la ha venido haciendo el PP en la Comunidad de Madrid durante la últimas dos décadas, y, en su vertiente más radical, la que ahora proponen Ciudadanos y Vox, viene encarnada por el cheque escolar.

Lo primero que hay que aclarar es que estos partidos conservadores (por llamarlos de algún modo) no defienden la libertad de elegir cómo educar a sus hijos, derecho recogido por la Constitución del 78; sino, muy al contrario, promulgan algo tan anticonstitucional como sufragar con fondos públicos la educación elitista y discrecional de unos pocos pudientes. Cuando se defienden los conciertos educativos y el cheque escolar apelando a «la libertad», se parte de un trampa discursiva que obvia de manera interesada que en nuestro país ya existe libertad educativa y que es un derecho garantizado y protegido por la Carta Magna y en normativas subordinadas.

Por tanto, no está de más recordar que los progenitores en nuestro país son no ya libres sino libérrimos de enseñar a sus hijos en las modalidades más extravagantes impartidas por las sectas más variopintas. Pensemos, por ejemplo, en la educación diferenciada por sexos, o en los colegios que dan prioridad a la educación religiosa y a la fe sobre los contenidos curriculares, o en los colegios donde el eje del proyecto educativo se supedita al aprendizaje del inglés, o en los colegios cuya forma de impartir los contenidos colisiona frontalmente con los derechos humanos en tanto que adoctrinan en la homofobia y el sexismo, etc. A nuestro juicio esta es la prueba de que el derecho a educar a sus hijos al albur del capricho de los padres está, lamentablemente, más que garantizado hoy en día en España. Y esto nos lleva precisamente a preguntarnos qué es ese engendro falsamente denominado libertad educativa, al que mejor haríamos en denominar libertad de adoctrinamiento, pues hoy más que nunca vemos necesario denunciar que la defensa política de estos postulados es la demostración de que la educación no avanza precisamente hacia la promoción del pensamiento crítico e ilustrado sino que se desliza peligrosamente hacia el fanatismo y la repetición de consignas que son la semilla del pensamiento totalitario.

¿Deben los hijos reproducir las ideas de los padres y los prejuicios de los maestros más escorados hacia la superstición? ¿O en cambio consideramos que los alumnos son sujetos independientes cuya autonomía y espíritu crítico se deben fomentar y proteger (incluso de los progenitores y profesores)? ¿Qué libertad debe garantizarse de forma prioritaria?¿La de los padres para adoctrinar a sus hijos o la de los hijos a ser educados en libertad, independientemente de las creencias de sus padres, profesores, políticos, coacher educativos y tertulianos de redes sociales?

En última instancia, la implantación del cheque escolar o la extensión del sistema dual esquizofrénico de la concertada/privada ni siquiera garantiza la libre elección de los contenidos que se imparten a los alumnos (recordemos que estos vienen recogidos en el currículo que marca la ley orgánica), sino que tan solo supone un trasvase de fondos públicos a manos privadas, que en última instancia es el único proyecto ideológico por el que apuestan los partidos de corte neoliberal (PP, Ciudadanos, Vox y, quién sabe si también el Psoe).

Sirvan como ejemplo países como Chile o Finlandia, dos modelos educativos antagónicos cuyos resultados también se encuentran en las Antípodas el uno del otro. Por ejemplo, en Chile se experimentó la implantación de un programa neoliberal basado en las privatizaciones de la educación pública, la subvención de la escuela privada y la implantación de una suerte de cheque escolar. En poco tiempo el deterioro de la educación en este país ha sido clamoroso y su único logro ha sido la generación de una brecha social donde la desigualdad amenaza la cohesión de una sociedad cada vez más polarizada. En el caso opuesto, encontramos el tan recurrente ejemplo de Finlandia, donde el 99 por ciento de los colegios e institutos son de titularidad pública frente a un residual 1 por ciento que pertenece a la red privada. El éxito de esta apuesta por lo público, por lo común, es tan conocido que resulta aburrido volver a repetir los datos que avalan este modelo.

Detrás del sintagma «libertad de elección» tan solo se esconde el deseo de privatizar y de impedir a las clases menos favorecidas el acceso a una educación pública de calidad, condenando a la escuela pública al mismo tiempo a asumir un papel subsidiario y asistencial que no le corresponde.

La escuela pública es la única que garantiza la verdadera educación en libertad. No nos cansaremos de repetirlo.

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