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EL MACARRA Y LA LOM-CE-OE.

Este estupendo artículo es de una compañera cuyo blog os invitamos a consultar. Es de agradecer la implicación de los docentes en una lucha que va a ser larga y que ganaremos con la palabra y las ideas. 

Es un texto extenso pero merece la pena. Gracias compañera.

Prolegómenos.

 Zona de costa, 35 grados a la sombra, zumbido monocorde de ventilador, veinteañero macarra que pasa codo en ventanilla –gafa-mosca, camiseta blanca sisada marcando pechera–, ruido ensordecedor de la música revienta-tímpanos, derrapaje olor a goma quemada a la salida del semáforo. En medio de los calores del verano, que invitan al encefalograma plano, a pesar de que las pocas neuronas no derretidas están también de vacaciones, de vez en cuando algunos destellos de lucidez iluminan la mente.
Así, en medio de la canícula, veo que se ha publicado un documento denominado “Propuestas para el anteproyecto de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa” (LOMCE). Nuestro gobierno está haciendo gala de su talante dialogante y ha abierto un período para que los ciudadanos “aporten sus sugerencias” a la reforma. Una iniciativa con la que quieren demostrar su actitud “proactiva”, como está de moda decir ahora. Es tan inteligente la propuesta como si a mí me pidieran opinión sobre cómo debe un arquitecto hacer el cálculo de los kilos que puede soportar un muro de carga, o como si yo opinara sobre cómo se debe realizar una operación a corazón abierto. Se ha abierto la “ronda de propuestas” como si todo el que quisiera opinar sobre la educación estuviera capacitado para hacerlo.
Además, el ministro Wert ha “sorprendido” durante el mes de julio acudiendo a uno de sus feudos, la Comunidad Valenciana, a presentar el documento, –sin previo aviso, no sea que algunos profesores vagos y perroflautas le monten un sarao de cacerolas–. En realidad la presentación a las comunidades y sindicatos no ha sido más que una pantomima envidiosa del buen talante de ZP. Wert debió aprender de la reunión con los rectores que no puede dejarse llevar por el ordeno y mando, ¡aún no, José Ignacio, prudencia!, y ha optado por usar la mano izquierda: nos reunimos con los interesados –escogidos– y comunicamos con soltura y gracejo nuestros proyectos, y saldremos de ella de buen rollo diciendo que todo ha ido genial porque todo el mundo está de acuerdo (recordemos que sólo estaban avisados los de nuestra misma cuerda). Luego, vendemos al populacho que somos tan guays que vamos a abrir una vía de comunicación con la ciudadanía para que aporte sus sugerencias (que luego tiraremos a la basura, a ver cómo consensuas tú lo que ha dicho cada uno), para mostrar que somos de espíritu colaborativo. Finalmente, cuando aprobemos el decreto ley por mayoría de nuestros parlamentarios, podremos decir que ha habido consenso. Nadie se plantea por qué se ha hecho todo esto en agosto, cuando los centros están cerrados, por qué no se pide opinión a quien más entiende de educación, el profesorado. Nueva vuelta a la manzana del macarra, el semáforo ha vuelto a pillarle en rojo. Nuevo derrapaje. Algún taller se verá beneficiado. La CEOE ríe.
No obstante el calor, el macarra y la vagancia neuronal, una se esfuerza en leer el documento. Y aparecen los destellos de locura y lucidez, en forma de preguntas, reflexiones, planteamientos de fondo… Y, como no hay por dónde cogerlo, una no sabe por dónde empezar a criticarlo. En ese momento, 35 grados a la sombra, el macarra vuelve a derrapar. Las preguntas vuelven a amontonarse y es imposible ponerles orden. Una quiere olvidarse, dejarse llevar, estamos en verano, el trabajo está lejos, hace calor, ¿una siestecita?… Imposible… El documento y el macarra se han infiltrado en la mollera y si no me pongo a escribir, no habrá paz para soportar la canícula. Intentémoslo.
Menos prólogos.
 
Pongamos que el artículo hubiera empezado hablando de los siguientes términos: resultados, tasas comparativas, parámetros, apuesta, crecimiento económico, competitividad, calidad, empleabilidad, mercado, mercado de trabajo, sostenibilidad, rendimiento, racionalización de la oferta, canalización de activos, optimización de capacidades, formación en empresas, cualificaciones profesionales, test externos, excelencia, señalización, objetivos, incentivar el esfuerzo, premiar el rendimiento, liderazgo decisorio, consejo consultivo, gobernanza, gestión, calidad, experiencia previa, rendición de cuentas, disminución de costes, aumento de la prima salarial…
A la vista de todos estos términos, cualquiera podría haber interpretado que estamos hablando del diseño y la gestión de una empresa, que quiere aumentar su margen de beneficios y reducir sus gastos. Pero no, estamos hablando de la nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa. Y yo me pregunto: ¿cómo es posible que todo el documento esté redactado en términos puramente economicistas y mercantiles cuando se está hablando de educación? ¿La educación qué es, qué debe ser? ¿La educación no es un proyecto de inversión a largo plazo, de formación integral de la persona, para hacerlo un ciudadano libre de pensamiento y acción?
Su redacción pone de manifiesto el programa oculto de quien lo suscribe, ese programa del que no sea habló durante la campaña electoral, porque, ante la debacle socialista, el PP no tenía más que hacer que dejarse llevar y no dar ningún paso en falso. Y no dar pasos en falso suponía no decir lo que pensaban hacer, sino enredarse en la retórica vacía: “Sabemos lo que hay que hacer y vamos a hacerlo porque no hay más remedio que hacer lo que hay que hacer, y lo que había que haber hecho es lo que haremos nosotros”. El runrun de esta letanía adormeció las obtusas entendederas que creyeron que la crisis era sólo culpa de ZP y que la salida de ella era sólo cuestión de confianza en una cara…, y coló.
El caso es que aquí tenemos el proyecto de Ley de cínico nombre, “Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa”. No hay que dejar de reconocer que los estudios en las universidades de marketing les han aprovechado bien, porque si algo saben hacer, es venderse. La bajada de sueldo a los funcionarios no se llamó “bajada de sueldo a los funcionarios”, sino “supresión de la paga extra”, como si la paga extra no formase parte del sueldo y fuese una concesión graciosa de las administraciones y de la ciudadanía a los “vagos” funcionarios. Los recortes educativos y sociales en Castilla–La Mancha no se han llamado “recortes”, sino “Programa de Garantía de Servicios Sociales Básicos”. De la misma manera, la “Mejora de la Calidad Educativa” encubre una realidad: la privatización de la enseñanza pública. Y de esta realidad la ciudadanía anestesiada aún no ha querido ser consciente, porque, entre otras cosas, a la ciudadanía bien poco le importa la educación. El macarra ha vuelto a hacer de las suyas.
Así, desgranándolo, el documento repasa primero rápidamente los logros de las últimas décadas en materia de educación (mejora del nivel medio de formación de la población y de la situación formativa de la mujer) y recoge como debilidades del sistema los resultados PISA, las altas tasas de abandono temprano y las bajas tasas de alumnos excelentes (¿Qué significará ser un alumno excelente?), la autonomía de los centros inferior al promedio de la OCDE y las diferencias entre comunidades autónomas, sin especificar, en los dos últimos aspectos, en qué parámetros se basan para tal afirmación.
A continuación sigue toda una declaración de intenciones: unas propuestas de mejora en las que se habla de “apuesta por el crecimiento económico y la competitividad” y “análisis de la calidad educativa por resultados y no por inversión”. No se habla de desarrollo social, de progreso igualitario, sino sólo de crecimiento económico, como si una sociedad con más dinero fuese necesariamente una sociedad mejor. Por otra parte, fomenta, desde esta declaración de intenciones, la competitividad en lugar de la cooperación, el egoísmo en lugar de la solidaridad, el individualismo en lugar de la colectividad.
Siguen los principios, cuya lectura asusta a quien quiera entender: “igualdad de oportunidades hasta el final de la etapa obligatoria, para obtener capacidades y conocimientos básicos para obtener un empleo”. No se especifica que deba ser gratuita; se deduce del enunciado que no ha de haber igualdad de oportunidades para la etapa postobligatoria, llámese FP o Bachillerato; se da por hecho que la única razón de ser de la educación es la obtención de un empleo, no la formación como ciudadano responsable y crítico. Y se introduce una frase, “Todos los estudiantes poseen talento, pero unos talentos difieren de otros”, que recuerda demasiado a la orwelliana “Todos los animales son iguales, pero unos animales son más iguales que otros”.
Pero el meollo del documento está en los objetivos, propuestas y medidas. A pesar de la pésima redacción y estructuración del documento, se deducen una serie de objetivos y medidas que fluctúan entre la retórica vacía y el cínico silenciamiento de sus verdaderos planes. Veámoslos:
Hay dos aspectos poco controvertidos porque son el signo de los tiempos: el propósito de la intensificación del uso de las TICs y la mejora del aprendizaje de lenguas extranjeras. En cuanto a éste último, en nada modifica sobre el papel los proyectos de bilingüismo ya puestos en marcha por el gobierno socialista. Sobre el papel, porque en realidad ya se están dando los pasos para llegar al objetivo no explícito. La Comunidad Valenciana acaba de anunciar que va a contratar “becarios” de idiomas; bajo el término “becario” se esconde el sintagma “empleo precario”. Lo que se esconde bajo esta decisión de la Comunidad Valenciana es ahorrar dinero en profesores titulados interinos con la habilitación de idioma, a los que deberían pagar su sueldo íntegro, para contratar a otras personas por un sueldo mucho menor. Y todavía dicen que nadie puede estar en contra de que se contrate a gente que esté en el paro. Pero no dirán que van a mandar al paro a otros. La reforma laboral aplicada a la función pública: despido por una puerta para contratar a la mitad por otra. La CEOE vuelve a reír.
En cuanto a las TICs, el signo de los tiempos de nuevo. No digo que no deba fomentarse el uso de las herramientas tecnológicas, todos las usamos y es evidente su necesidad. Pero una sospecha ronronea por mi cabeza como el tubo de escape del macarra que ha vuelto a derrapar: ¿no parece haber un lobby tecnológico interesado en que todo el mundo dependa de un ordenador? “Herramienta complementaria a la formación presencial”, dice. ¿No se esconde tras este interés el objetivo, aún lejano pero deseado, de prescindir cada vez más del personal humano en la enseñanza y cambiarlo por una tutorización telemática? “Selección de recursos digitales de calidad, y reconocimiento de las aportaciones de la comunidad educativa que cumplan los requisitos de calidad establecidos”, suena a “preparad material digital que os premiaremos a quienes los trabajéis; cuando tengamos suficientes podremos prescindir de los servicios de otros cuantos profesores”. Y por último, ¿no es el alejamiento del libro y la persona y el acercamiento a la máquina una forma de esclavismo mental?
Pero todo esto es lo menos controvertido. A partir de aquí, si me cruzo cara a cara al macarra, cuyas ruedas aún no se han gastado, paga él mi indignación. La risa del presidente de la patronal martillea mi cabeza.
Pasamos a la reducción de la tasa de abandono temprano y a la mejora de resultados PISA. Parece más importante parecer próspero y preocupado por el nivel cultural del país que invertir en una mejora real. El análisis parece una tomadura de pelo: se engorda la evaluación de la “tasa de abandono” introduciendo una amplia horquilla de edad (entre 25 y 64 años), obviando así los avances de las últimas décadas y pasando por alto el retroceso cultural que han supuesto los años de la burbuja inmobiliaria, cuando padres e hijos despreciaban la educación para ganar dinero rápido con el ladrillo. En todo caso, se está pasando de usar la herramienta (el informe PISA) creada para un fin (tener información que ayude a mejorar el desarrollo educativo) a poner dicho fin al servicio de la herramienta. Es decir, se quiere hacer de los resultados del informe PISA el único objetivo de la educación, poniendo ésta al servicio del aquel. Y santifican el informe asegurando que los resultados de los alumnos mejorarán con evaluaciones externas “como si se hubiese estudiado medio curso escolar más”. Hay que ser obtuso o malintencionado para no reconocer la diferencia entre entrenar a un alumno para sacar la máxima nota en un examen y formar personas de pensamiento libre. ¿La educación debe ser una meta de entrenamiento o una oportunidad de desarrollo de las capacidades?
Pero lo verdaderamente sorprendente es el paquete de medidas para conseguir estos objetivos. Ya habló el ministro Wert de las asignaturas “que no sirven para nada”“que distraen” y de las asignaturas “prioritarias”… Trabajar instrumentales (Matemáticas, Ciencias y comprensión lectora) es muy loable pero que el ministro de educación de un país diga que hay materias “que no sirve para nada” es toda una declaración de intenciones y el trasunto más palpable de la catadura cultural del país. El documento habla claramente de canalizar más alumnos a la FP desde una pronta edad (segregación temprana), adelantando la elección de itinerarios (académico o tecnológico), con la salida laboral como único objetivo. Como si la “optimización de las capacidades” fuese el paso necesario para cumplir una predestinación natural, como si un individuo no pudiese evolucionar en sus intereses, capacidades, motivaciones o destrezas, sino que naciese marcado con una letra del alfabeto griego para pertenecer a un grupo determinado en un mundo feliz. No se menciona la necesidad de la formación cultural, la posibilidad de dar oportunidades de reconducción de las preferencias, de desarrollo de cualidades, de acceso a campos del saber desconocidos para el alumnado… La segregación temprana y la eliminación de la optatividad aleja a los alumnos de la especialización necesaria para adquirir una elevada formación cultural, necesaria para que un país progrese. Un país avanza con la diversidad, nunca con la uniformidad. Coche, camiseta, gafas, música y derrapaje son el uniforme del futuro.
Pero es que además, el documento miente bellacamente. Habla de reducir las vías de Bachillerato de nueve en 1º y once en 2º a cinco. Esto es una mentira. No tiene otro nombre. Hoy día no hay once vías de Bachillerato. La LOE vigente reconoce tres vías de Bachillerato: Artes, Ciencias y Tecnología, Humanidades y Ciencias Sociales. Y sí hay una amplia gama de optatividad, que “aumenta el coste”, pero que permite al alumno diseñar su propio currículo según sus intereses. Y esto es lo que quieren cargarse, no sólo por rentabilidad económica y reducción de costes, como el propio documento asegura, sino también como vía silenciosa para su verdadero propósito, que, recuerdo, es privatizar la enseñanza y generar nuevas parcelas de negocio para los empresarios de la CEOE y la banca. La eliminación de la optatividad, el establecimiento de vías cerradas y la eliminación de la obligatoriedad de ofrecer al menos dos vías de Bachillerato, benefician sobre todo a los colegios privados, financiados en muchos casos por las grandes corporaciones bancarias y empresas, que no se verán así obligados a realizar los encajes de bolillos que realizan los directivos de enseñanza pública para conceder a sus alumnos la posibilidad de que estudien según sus propios intereses. Esta reforma concederá a los colegios privados y concertados una matrícula estanca que les permitirá ahorrar espacios y profesores, a costa de los intereses de sus alumnos. Pero es lo que quieren: formar trabajadores que no pregunten ni se planteen otras opciones, sino que acepten con la fe del creyente lo que sus superiores deciden.
Y queda bien claro en el objetivo denominado “Fomento de la empleabilidad”. Se menciona al respecto la alta tasa de paro juvenil, sin entrar en las causas del problema, en las que el PP tuvo tanto que ver con el fomento de la burbuja del ladrillo. Con la empleabilidad como objetivo se muestra claramente que el alumno no va a ser libre de elegir, sino que se le va a catalogar tempranamente para ser lo que los demás crean que es. Y empieza a aparecer el verdadero objetivo, poner la educación en las manos de las empresas: se intensificará la FP dual con un incremento de la formación en ellas. Sermo vulgaris: mano de obra barata para el empresario a cambio de una escueta “formación” y una toma de contacto con el mundo laboral. Eso y la bajada de las cifras del paro por esta vía. El objetivo en los PCPIs, por ejemplo, no es ya la obtención del título de ESO sino preparar a los alumnos para el mercado de trabajo.
Pero conocen bien a quienes gobiernan. El macarra veinteañero que no para de incordiar con su coche tuneado ha hecho dinero rápido con su incultura enladrillada. Sus padres seguramente alabaron su decisión de ponerse a trabajar, y no ser un vago de ésos que se pasa el día leyendo libros, sin hacer nada de provecho.
Sólo tienen un problema. Todavía queda en España gente que escapó al ladrillo, que estudió a pesar de él. Hay aún alguna gente que piensa. Y gente que sabe de la enseñanza. Concretamente: los profesores. Menudo problema los profesores. Algunos, –no todos–, no son fáciles de engañar, tienen tendencia a la protesta. Son caros los mires como los mires: tienes que pagarles por su trabajo y encima educan a los muchachos para pensar por sí mismos. Hay que acabar con esto. No puede ser que haya quienes formen a los alumnos fuera de la fe en el libre mercado. Habrá que hacer algo. Aguirre o la cólera del dios mercado empezó diciendo de ellos que eran unos vagos. Otros se apuntaron a sugerir que son los culpables del gasto público y de la crisis. Castilla–La Mancha ya ha introducido una asignatura que lave el cerebro de los alumnos ensalzando las bondades del emprendimiento, ni rastro de los derechos y deberes de los trabajadores, de la sindicación, del desarrollo social… Sí, son un problema los profesores. Hay que hacer algo.
Tramitémosles un nuevo estatuto del profesorado, vendámoslo como una mejora en su estatus social, y, al mismo tiempo, sigamos lanzando a la sociedad insultos subliminales hacia ellos. El macarra sólo oirá el ruido, su mente no está formada para pensar en el fondo. Digamos que queremos dignificar la profesión docente, que vamos a garantizar un mejor acceso a la función pública, para que entren los mejores, dando por hecho que los mejores no están en la función pública. Yo me pregunto, ¿qué significa “los mejores”? ¿Los mejores en capacidades? ¿Los mejores en pedagogía? ¿Los mejores en iniciativa? ¿Los mejores en creatividad? ¿Los mejores en adoctrinamiento? Porque supongo que nadie sensato creerá que se puede ser el mejor en todo.
Sí, son un problema los profesores. Aún no hemos introducido lo suficiente las TICs como para poder prescindir de ellos. Y desde los despachos del ministerio poco se puede hacer. Necesitamos algún arma más poderosa…
Incrementar la autonomía de los centros. Es la más terrible de las propuestas y aquella cuya significación ha pasado más desapercibida. Aplica el concepto empresarial de liderazgo a la escuela y pone la estructuración de los centros, su organigrama educativo, su toma de decisiones, e incluso la contratación del profesorado, exclusivamente en manos de los equipos directivos. Es la santificación del nepotismo con la pátina de la autonomía, pero se llama amiguismo y enchufismo. El consejo escolar, formado por integrantes de toda la comunidad educativa (padres, alumnos, profesores, ayuntamiento, personal no docente) pasará de tener poder decisorio a ser meramente consultivo. El equipo directivo pasará así de ser un funcionario con responsabilidades organizativas a ser el único cacique que tomará decisiones unilaterales sobre múltiples aspectos: la “valoración de la experiencia previa” (¿de quién, del profesorado bajo sus órdenes? ¿no es el principio del fomento de una red clientelar?), la “autonomía de gestión para acciones de calidad” (¿significa que podrá decidir el director en qué proyectos se implica el centro al margen de la opinión de sus profesores y de la comunidad educativa?), la “igualdad de condiciones entre profesores del centro y externos” (¿significa eso la apertura a la contratación al margen de los canales públicos que garantizan un trato equitativo en igualdad de méritos?), “autonomía para la gestión de personal y económica de los centros”, (¿podrá el director contratar a su libre arbitrio un conserje, un profesor, o un “becario” como ya está ocurriendo en la Comunidad Valenciana?). Y hay más preguntas, muchas más: ¿Qué papel le quedará al consejo escolar de los centros?, ¿quién y cómo se elegirá a los directores?, ¿la especialización podría convertirse en la creación institucionalizada de guetos?, ¿sería decisión de los centros esa especialización, dentro de su nueva autonomía? O ¿será decisión de las comunidades autónomas? ¿Qué ocurre si, como es el caso de Madrid, la presidenta autonómica decide regalar suelo público a instituciones privadas, si protege descaradamente un lobby ultraconservador, si decide eliminar vías de formación en institutos públicos y desviar sus alumnos a la concertada, si decide conceder subvenciones a empresas privadas para que realicen el trabajo que antes realizaba lo público, si decide retirar subvenciones a comedores escolares públicos para aumentarlas a las familias que llevan a sus hijos a los privados?
Pregonémoslo.
 
Esta reforma es un linchamiento encubierto de la educación pública. Hablan de mirar al futuro, pero no explican qué futuro es el que quieren. La evaluación o reválida, la segregación temprana, la reducción del número de asignaturas, la autonomía de los centros, y el refuerzo de la función directiva no son más que un envoltorio de sus planes de privatización de lo público y de proselitismo religioso.
Se me objetará que algunas organizaciones religiosas se han quejado porque no se recogen sus demandas, el famoso “derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos”. Esto es también una estrategia: ahora no hay dinero para responder a sus demandas, pero su “malestar” aumentará la “necesidad”. Junto al desmantelamiento de la enseñanza pública y su desprestigio, el PP está tramando aumentar los conciertos educativos cuando haya dinero. Lo dijo Wert en su comparecencia de hace meses. Cuando se le preguntó si iban a aumentar los conciertos educativos, aseguró con voz titubeante: “Cuando haya dinero… ¿quién se va a oponer?”.
Pero antes necesita destrozar lo público, para que la gente perciba que la calidad se refugia en la privada, a la que concertarán con dinero público. La parcela de negocio que la CEOE y los grupos de presión religiosos y ultraconservadores piden y esperan. Eso es lo que se esconde detrás de la tan cacareada libertad de elección de las familias. Concretamente, de las familias conservadoras y de credo del nacionalcatolicismo.
El espíritu de todo el documento esconde su verdadera intención: acabar con la movilidad entre capas sociales. Interesa no dotar de estrategias de pensamiento propio a los alumnos, sino crear una separación tajante entre tres clases sociales: una masa de trabajadores no cualificados (procedentes de los PCPIs); otra de autónomos medios (FP y Bachillerato), con cierto poder adquisitivo, que adelgacen las cifras del paro y al mismo tiempo pongan dinero en circulación a través de créditos para que se reactive el consumo, que beneficia directamente a las grandes compañías; y una élite de universitarios que debe salir de sus propias filas, de los colegios y universidades privadas, que serán los que dirigirán al resto.
No interesan, como ha ocurrido estos años, titulados universitarios de extracción social baja, que piensen con voz propia, cuestionen las políticas gubernamentales, demanden un empleo y un sueldo cualificados, sean críticos con la política liberal conservadora y demanden medidas sociales. Se gobierna mejor si los cultos pertenecen a un único pensamiento y procedencia social. Se gobierna mejor a un pueblo inculto. Y no lo digo yo, ya dijo un esbirro de Aguirre que había que limitar los títulos universitarios. Éstos quedan para la élite de las grandes familias conservadoras que educarán a los hijos en la privada y establecerán una red clientelar que los catapultará a puestos de decisión. Lo importante, el objetivo es que no haya circulación entre las capas sociales.
Este documento es el certificado de defunción de la movilidad social, del progreso de la clase media, del desarrollo social, de la flexibilidad frente a la uniformidad, del libre pensamiento frente a la fe en la vía única. Es la puesta en marcha vía ley orgánica del caciquismo y el clientelismo en toda la estructura social, la puerta abierta al mercadeo con la sociedad futura.
La educación es el futuro de la sociedad. De cómo se encare la educación dependerá quiénes seamos mañana. El macarra ha vuelto a pasar con la música tecno a tope, ha vuelto a derrapar a la salida del semáforo. Recogemos los frutos humanos de la burbuja inmobiliaria. Nos hemos dejado poseer por el dinero. Los que dejaron la educación para emborracharse de megalomanía han puesto en el poder a los obispos del poderoso caballero. Nadie nos escuchaba cuando les aconsejábamos que estudiaran, cuando intentábamos demostrarles que el dinero es una herramienta para vivir mejor, pero que vivir mejor no depende sólo del dinero. Los cantos de sirena del dinero y el ladrillo han conseguido que olviden una enseñanza básica de los antepasados: no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. El macarra vuelve a quemar goma. La CEOE ríe. Esta noche hay fútbol. Demasiado largo para acabar de leerlo. Enhorabuena si lo has conseguido.

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