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Mirando a Francia, acerca de la educación.(Traducción comentada del discurso de Sarkozy en Montpellier. Febrero de 2012)

Agradecemos la traducción y los comentarios aportados por una colaboradora.

Discours de Nicolas Sarkozy

http://www.u-m-p.org/actualites/a-la-une/discours-de-nicolas-sarkozy-a-montpellier-54582802

Pincha aquí para leer el discurso completo traducido: Dicurso  Sarkozy

DISCURSO DE NICOLAS SARKOZY

Montpellier – Martes, 28 de febrero de 2012

Este discurso deja claras dos cosas acerca de Nicolás Sarkozy: que defiende una visión sumamente conservadora, de lo que debe ser la educación (y toda la organización social) y que sabe cómo integrar en su discurso lugares comunes, a los que nadie puede aparentemente oponerse, y que apelan a la más fácil emotividad y al más simple sentido nacionalista, con alusiones constantes a la República, “la escuela de la República”, “los niños de la República” , “la fuerza de la República”.

El discurso comienza recordándonos cómo nuestros padres pusieron sus esperanzas en la escuela como lo único que nos ayudaría a salir adelante, a cumplir nuestros sueños. Asume que los padres actuales tienen la misma esperanza puesta en la educación de sus hijos y da por hecho que estos padres se sienten defraudados porque la educación actual en Francia no está satisfaciendo sus expectativas, que los alumnos no son felices en la escuela (y, al parecer, antes sí lo eran) y que los profesores sienten que no están cumpliendo con el trabajo para el que se prepararon.

Sarkozy declara que la educación es un tema importante, vital. Es un asunto, antes que nada, de las familias, que confían a sus niños a la escuela. Y continua diciendo que quienes sólo se preocupan por sus intereses corporativistas no pueden tomar las decisiones relativas a la educación. Y son estos últimos, los profesores y sus representantes, los que, en palabras de Sarkozy, pretenden convencer a los franceses de que los problemas de la educación se resolverán simplemente contratando más profesores, sesenta mil nuevos funcionarios, pidiendo siempre más, sin analizar la necesidad de este incremento. Y claro, recurre a la crisis para recordar que es imposible crear nuevas plazas de funcionarios y, al mismo tiempo, revalorizar la profesión docente. El argumento está claro: quienes defienden esa postura, saben que no es posible; es decir, mienten. Como han mentido durante años, ocultando la realidad de la educación del país, rehuyendo las evaluaciones y negándose a cambiar con los tiempos.

Pero él, Sarkozy, oye a “esta Francia, que lleva los valores de la República cosidos a la piel” y que “pide una educación que tire hacia arriba de sus hijos, una educación que prepare a sus hijos para convertirse en adultos y no para convertirse en niños grandes”. Y “no teme” defender una escuela del conocimiento, del respeto, de los buenos modales y, sobre todo, del esfuerzo.

Como respuesta a las peticiones de Francia, Sarkozy pasa a hablar de cómo en los próximos cinco años se dedicará a salvar la escuela, igual que en los últimos cinco ha salvado la Universidad. Y enumera algunos cambios que ya se han comenzado:

  • La escuela ha vuelto a centrarse en los conocimientos básicos (lectura, escritura, cálculo, moral).
  • Se han tomado medidas para acompañar a lo que él ha llamado “los huérfanos de las cuatro de la tarde” (“a fin de que no sigan estando abandonados a su suerte cuando la clase acaba pronto”).
  • Se han creado unos “internados de excelencia” para alumnos de familias modestas que necesiten encontrarse en un ambiente adecuado para estudiar. Es su forma de luchar “contra los estragos de la pobreza”; no parece que considere necesario erradicarla, ni siquiera hablar de ella (como otros que hablan y no actúan, según lo ve él), está orgulloso de ayudar a estudiar a los niños pobres que quieren esforzarse, “porque la República los quiere, los quiere cuando trabajan, cuando se esfuerzan y cuando merecen la recompensa por sus esfuerzos… Y si tienen éxito, serán un modelo para los demás, un ejemplo, y serán un inmenso orgullo para sus padres, porque es un orgullo ver a nuestros hijos superar, en el éxito profesional, lo que los padres hemos conseguido con el sudor de nuestras frentes”. Porque, para Sarkozy, eso es la República (“La República, mis queridos amigos, no es el igualitarismo. La República no es poner a todos al mismo nivel. La República no es la facilidad. La República es el mérito, es la exigencia, es la promoción de la excelencia”).
  • Se dan dos horas semanales de apoyo a los escolares en condiciones difíciles. Sarkozy afirma que con esa medida está disminuyendo el fracaso escolar, pero no da cifras.
  • Se ha advertido a las familias con niños absentistas que se les retirarían los subsidios sociales si los niños no volvían a la escuela. Y, según Sarkozy, esto ha conseguido la vuelta de los niños al colegio en la mayor parte de los casos. Y, de nuevo según él, demuestra que no estaba equivocado al considerar que, aunque la educación de la República es un derecho y es un deber, el deber tenía tendencia a ser olvidado, y había que acentuar la responsabilidad de los padres en los casos de absentismo escolar.
    Obviamente, nadie puede negar esa responsabilidad individual, pero cuando Sarkozy afirma ”Quiero decir, como jefe de estado y como candidato a la presidencia de la República, que cada uno es responsable de sus hijos. La sociedad no es responsable de todo. La sociedad no es culpable de todo. La sociedad no puede ser el chivo expiatorio de todo”, no se puede evitar la sospecha de que pone una pesa más en la balanza de la desigualdad social, enfrentando a lo que podríamos llamar  “la parte responsable de la sociedad” con la otra parte, que no es responsable ni siquiera en lo referente a sus hijos. La ignorancia y la miseria que suelen estar detrás de los casos de absentismo no serían el problema, la sociedad no es culpable de este problema y no tiene por qué buscar una solución de sus orígenes.
  • Se están creando “centros de reinserción escolar” para los niños y adolescentes difíciles, para ayudarlos  “a construirse, a estructurarse”, porque él no renuncia. Sarkozy considera que esta es la forma de no abandonar a estos niños “perturbadores” y de evitar que “estropeen la vida de todos los demás”. Dado que “el interés de los niños es que unos pocos, que no aceptan ninguna de las reglas de la escuela, ni ninguna de las reglas de la vida en sociedad, no aterroricen a la mayoría. El interés de nuestros niños es que la violencia no entre en la escuela”, hay que separar a los problemáticos. De nuevo, a partir de un objetivo deseable como es no permitir el deterioro del clima escolar, se justifica una marginalización del problema. Se podría alegar que sólo se trata de poder dar una atención personalizada a alumnos con unas carencias personales, sociales o familiares que dificultan su integración. Pero nada en el discurso de Sarkozy apoya este último argumento. Lo que sigue inmediatamente es una llamada al valor de la autoridad (“¿Debo recordarles a los que lo han olvidado que la escuela de la República es la escuela de la autoridad? La palabra autoridad no es una palabra tabú. Sin autoridad no hay ningún colectivo que pueda funcionar.”)

En este punto, el presidente hace gala de sus conocimientos de pedagogía. Nos recuerda que “la escuela es el lugar en el que el niño encuentra por primera vez una autoridad distinta de la de sus padres. Es el lugar donde encuentra la autoridad del saber y la autoridad de la disciplina colectiva” y que “la juventud se construye en la contestación a la autoridad. Pero para que algún día pueda contestar a la autoridad primero es necesario que comience por aprender a respetarla.” No se trata pues de mantener la autoridad por la autoridad. Se trata de que “en el momento en que ya no hay reglas porque no se tiene el valor de fijarlas, deja de haber posibilidades de transgredir y, por consiguiente, de educarse”.

Y de nuevo, Sarkozy utiliza un argumento de fácil calado, que esta vez tiene un objetivo claro, los profesores descontentos con la situación de la enseñanza en los últimos años: “Nos hemos equivocado quitando autoridad al maestro, al profesor, nos hemos equivocado dejando creer a los niños que tenían derecho a todo. No se beneficia a los niños dejándoles pensar eso… En el pasado no se han tenido suficientemente en cuenta las necesidades del niño, sus ritmos, sus centros de interés. Y bien, yo creo que se ha pasado de un extremo al otro.” En resumen, la escuela de la República tiene una jerarquía de valores y, en ella, el conocimiento del maestro y el del niño no son equivalentes. Él considera que este asunto de la autoridad es aún más importante ahora que Internet pone al alcance de todos una gran cantidad de informaciones y opiniones que hay que aprender a analizar: “Precisamente porque el peligro de la confusión crece, se vuelve más necesario devolver la autoridad al maestro. Esta es la razón por la que la escuela de la República debe aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, lo creíble de lo que no lo es… Necesitamos más que nunca que a la autoridad de los padres se sume la autoridad intelectual y moral del profesor. Necesitamos que esto sea protegido. Yo he querido que en nuestras leyes, la violencia que puedan sufrir los profesores por parte de algunos alumnos o de algunos padres sea duramente sancionada. Considerados a partir de ahora como autoridades públicas, los enseñantes gozan de la misma protección que los policías, los gendarmes o los jueces.”

También son los profesores el objetivo de las siguientes afirmaciones de Sarkozy, que sostiene que hay que mantener el estatus social de los profesores, ya que este es el símbolo del reconocimiento de la sociedad.

Y ahora que los profesores ya están subyugados por tan clasistas palabras, llega la puntilla: “Nuestros profesores están mal pagados porque son demasiado numerosos. El exceso de contratación ha empobrecido a los profesores.” Es fácil deducir que los culpables de que los profesores más antiguos estén mal pagados son los nuevos profesores que, como se explicó anteriormente, no eran realmente necesarios y ahora, en tiempos de crisis, son una carga difícil de soportar. Afortunadamente, él ha querido “que la mitad del ahorro conseguido al cubrir sólo la mitad de las plazas dejadas por jubilación se utilice para revalorizar los sueldos de los enseñantes”. En vez de más profesores peor pagados, él dice proponer menos profesores mejor pagados.

Sarkozy apela entonces a la tierna imagen de “una escuela que debe acoger a los niños de todos los medios sociales, es una escuela que debe mezclar, que debe abrazar, que enseña a ir al descubrimiento del otro, sobre todo del que es diferente. La escuela de la República es una escuela que pone codo con codo sobre el mismo banco a los hijos del abogado, del ingeniero, de banquero y a los hijos del obrero, de la mujer de servicio doméstico, del emigrante. Es una escuela que, para reunir al hijo del rico y al hijo del pobre, debe ser una escuela de la excelencia y de la exigencia, para que el niño de una familia pobre tenga las mismas oportunidades que el niño de una familia rica”. Y dedica una buena parte de su discurso a explicar su visión de la escuela de la República:

  • Considera necesario ir hacia la excelencia y hacia la exigencia, porque la escuela de la nivelación lleva a una escuela para los ricos y otra para los pobres, ya que los padres ricos se preocuparán de la educación de sus hijos y los padres pobres, por lo que se deduce de las palabras de Sarkozy, tienen a desentenderse de la misma.
  • Y no se olvida de los niños con discapacidades. Afirma que “La escuela de la República debe acoger al niño con discapacidades entre los otros niños. Yo lo he querido porque es un maravilloso aprendizaje de la diferencia, es una verdadera lección de humanidad en la que el corazón habrá contra los prejuicios, porque los prejuicios son lo contrario del corazón. Y en la escuela de la República, los niños con alguna discapacidad aportan un valor añadido para los otros niños. Es el aprendizaje de la diferencia”. Enternecedor.
  • Y es ahora cuando vuelve a usar la puntilla. Recuerda que la escuela de la República es una escuela laica, y que “El carácter laico de la escuela es un precioso bien que de ningún modo vamos a cuestionar, ni por el velo parcial, ni por el velo integral… La escuela de la República es un crisol donde se forjan la moral, los referentes, los ideales comunes, gracias a los que podemos comunicarnos y comprendernos. Sin los ideales comunes, no seríamos capaces de comunicarnos y comprendernos. Y gracias a esos ideales comunes formamos una nación…El mayor fracaso de la escuela de la República sería su incapacidad para forjar estos ideales comunes, lo que nos convertiría en extraños entre nosotros. Somos una nación y una República” Es inevitable preguntarse, ¿respeto para todos en esa escuela de la República?
  • Para Sarkozy, la idea del colegio único fue loable. El colegio único fue la afirmación de que todo el mundo tenía el mismo derecho al conocimiento y la cultura. Pero, tal como él lo ve, al optar por la uniformidad, a querer poner a todo el mundo en el mismo molde, el colegio único ha hecho estallar a las desigualdades en lugar de reducirlas. Él cree que es necesario que se enseñe a todos, con la misma exigencia, materias que aporten cultura general y que apelen a la inteligencia abstracta y materias que aporten cultura técnica y que precisen de una inteligencia práctica aplicada a lo concreto.
  • Siguiendo con el colegio, piensa que el paso del maestro único de la escuela primaria a la multiplicidad de profesores, de un año para otro, contribuye a desestabilizar a numerosos alumnos y constituye para muchos un obstáculo para el dominio de conocimientos dispersos entre varias disciplinas. Invita a reflexionar en torno a si “en 6º y en 5º se podría reducir el número de enseñantes[1], reagrupando  a los profesores de disciplinas de letras por un lado y a los de ciencias por otros, formando profesores polivantes”. Y se ahorraría en sueldos, podemos pensar. El respeto por el estatus social del profesor no parece extenderse al respeto por su formación previa y sus conocimientos profundos de una materia concreta.
  • Tras esto, “al entrar en 4º (trece años), consolidada ya la base de los saberes fundamentales, llegaría para cada alumno la hora de una primera elección, no sufrida, sino deseada por cada uno”. Elección de ruta a los trece años, pues.
  • Para los alumnos que se dirigen hacia el bachillerato, declara desear” la generalización de los estudios dirigidos, de los cursos preparatorios para la “Terminal”[2]. La idea de la escuela como lugar de instrucción y no de educación planea sobre esta frase.
  • Piensa el presidente que la pedagogía no debe pesar más que el conocimiento y que la clase debe seguir siendo el modelo de referencia de la organización escolar, debido a la experiencia humana irreemplazable que constituye, “pero tampoco aquí debe reinar la rigidez. No se puede condenar al alumno que no siga una materia a sufrir una creciente brecha con el resto de la clase. Y no se puede condenar a la clase a retrasarse por uno solo o por unos pocos.” Por eso no es partidario de la supresión de la repetición “ya que dicha supresión sería un signo de complacencia culpable, dado a los niños y a los padres. No soy partidario de la supresión de las notas, aún reclamada por algunos, que no es más que otra forma de demagogia. Yo soy partidario de la generalización de la agrupación por niveles en cada materia en la escuela primaria, como en el colegio y en el instituto”. Podríamos traducirlo como que la escuela de la República de Sarkozy es para todos los niños y adolescentes del país juntos, pero no revueltos. Estratificación escolar.
  • Otro asunto importante para el presidente es que se necesita una gran presencia de los adultos en los centros. Por si alguien dudaba de esta verdad tan obvia, Sarkozy la establece con argumentos que casi nos hacen llorar: “El niño necesita hablar. El niño necesita confiarse. El niño necesita un hombro sobre el que apoyarse. El niño necesita una relación de confianza que no puede basarse más que en la cercanía. ¿Cómo esperar que, dejado a su suerte, el niño en dificultades encuentre su camino si nadie le tiende la mano a la salida de la clase? Piensen en el niño que se asfixia en clase, ¿qué hace este niño si no hay un adulto en el centro un adulto dispuesto a ayudarlo?”  ¿Quién es el desalmado que se atreve a negarlo?

Se necesitan adultos en los centros, pero “¿Cómo hacer entonces, cuando no hay dinero para contratar?… Pues bien, mis queridos amigos, no hay más que una solución: hacer trabajar más tiempo a los enseñantes pagándoles más. No hay otras opciones.”
Pues claro, ¿cómo no nos habíamos dado cuenta antes? No hay otras opciones. Y, además, así se solucionan dos problemas al mismo tiempo: “El primer problema resuelto será el del aumento de la presencia de los adultos, y puedo decir a todas las familias de Francia que, con esta propuesta, habrá en todos los centros escolares adultos disponibles, fuera de la clase, para ayudar a los niños que lo necesiten, a los que les resulta difícil continuar. Los que tienen problemas familiares. Los que tienen problemas sociales. Los que no llegan por sí mismos. Y habremos resuelto también un segundo problema, habremos puesto fin al empobrecimiento de los enseñantes en Francia, valorizando su estatus, aumentando sus sueldos. Y que no vengan a hablarme de un riesgo de boicot, porque yo afirmo mi confianza en los enseñantes. Puesto que son ellos quienes elegirán de un modo estrictamente voluntario. ¡Quién se atreverá a decir a los enseñantes que quieran enseñar más que no tienen derecho a hacerlo! ¡Quién se atreverá a reprochar a un candidato a la presidencia de la República que quiere mejorar el trato a los enseñantes de la escuela de la República francesa  ¡” Los profesores franceses deberían besar por donde pisa (y también los padres franceses, por supuesto).

Afirma que esto es recompensar el talento, recompensar el mérito, valorar el éxito, los principios que siempre ha honrado la República. Es lo contrario de lo que él llama la “locura igualitaria”, que alimenta “la locura fiscal que ataca al trabajo, al talento, al éxito y al espíritu de empresa” Pretender una contribución fiscal proporcional a la riqueza parece ser una lacra que “desalienta el trabajo, que desalienta la iniciativa, aísla a Francia del resto del mundo, es la Francia que destruye a sus fuerzas vivas, la locura fiscal es la Francia débil. Nosotros queremos una Francia fuerte. He ahí la diferencia entre nosotros.”

  • Sarkozy apuesta por la autonomía de los centros, que permitirá a los mismos seleccionar a sus profesores y, así, crear verdaderos equipos pedagógicos. Y apuesta por  una mayor flexibilidad en el sistema de salarios, diferenciándolos para potenciar a los enseñantes que quieran “consagrarse a enseñar en los centros más difíciles. Estos profesores, en la actualidad son penalizados. Nosotros queremos valorarlos. La autonomía es confiar en los profesores. Confiar en su experiencia, en su acervo, en su saber… La autonomía es la confianza en los profesores.” De nuevo hace un guiño a los profesores más antiguos: “¿Creéis realmente que un enseñante con 25 años de experiencia necesita de la última circular, del último director, para saber cómo enseñar a leer, a escribir ay a contar a estos niños¡ Y si de pronto la República confiara en sus profesores!?”
  •  Por último, dice desear abrir la escuela a los padres. “Dar a quienes lo necesiten los medios para asumir sus responsabilidades paternas y para familiarizarse con una escuela a veces ajena a su historia y su cultura de origen.” Él, el padre benevolente dispuesto a ayudar a enmendarse a los extranjeros irresponsables.
    Propone que “cada curso los padres estén obligados a inscribir ellos mismos a sus hijos y que la inscripción la realice el maestro o, en el caso del instituto, el profesor tutor, de modo que el año escolar comience por un encuentro entre las familias y el profesor. Y que no quede en Francia una sola clase en la que el profesor no conozca a los padres de los alumnos a los que enseña.” Y el siguiente paso es crear lazos entre la familia y el profesor.
    Pero es importante en primer lugar la formación de los profesores. “No se puede dejar a los profesores jóvenes abandonados frente a clases cada vez más difíciles. En nuestra sociedad el aprendizaje de los saberes fundamentales exige competencias que no eran tan necesarias en el pasado. La experiencia me ha dejado claro que la reforma de la formación de los profesores por parte de las universidades implica una buena selección previa y un desarrollo del aprendizaje en alternancia[3]. “

Y llega la recta final del discurso. Sarkozy reflexiona sobre el sentido de la educación. Cree que “el primer objetivo de la escuela es elevar el nivel de cultura, de conocimiento y de consciencia del individuo. La escuela forma hombres y ciudadanos. La escuela enseña a reconocer lo verdadero, lo bello, lo justo. La escuela enseña a conocerse a uno mismo, la escuela enseña a encontrar el propio camino”. Y el segundo objetivo de la escuela es dar a cada uno los medios para realizarse, para aprender un oficio, para conseguir un lugar en la sociedad y en la economía.

Cree firmemente que “no podemos hacer a nuestros niños, que tanto tiempo pasan delante de sus pantallas, un regalo mejor que hacerles amar los libros, hacerles amar los textos más bellos de nuestra literatura, hacerles descubrir las obras maestras del arte, de la música, del teatro y del cine. No está pasado de moda decir esto. En realidad, no decirlo sería no estar a la altura de nuestras responsabilidades. Yo estoy convencido de que hoy más que nunca el papel de la escuela es hacer descubrir, hacer amar lo que es eternamente grande y eternamente bello. Es el papel de la escuela educar el gusto, formar el juicio.”

De nuevo, no somos capaces de rebatir esos loables objetivos.

Y la escuela también debe enseñar que la felicidad sólo es posible tras el esfuerzo, que no hay felicidad real si no hay un esfuerzo que la preceda. La teoría del esfuerzo ataca de nuevo. Nada que objetar, excepto que no aclara qué entiende por esfuerzo.

Quiere terminar compartiendo su convicción de que el bachillerato es una gran institución de la República. “El bachillerato debe ser la medida de la capacidad para seguir una educación superior. Y el bachillerato, para tener algún valor, debe reflejar una exigencia, una exigencia más alta. Menos optatividad, menos pruebas parciales, notas eliminatorias en las disciplinas fundamentales, más énfasis en el control continuo, un tronco común aún más potente podrían constituir los ejes de una reforma útil.” Por si hay dudas, añade que “que bajar continuamente el nivel es abrir la puerta a la creación de una prueba de acceso a la universidad.” Las mentes retorcidas podrían ver en esto una amenaza solapada.

Con un guiño a la historia, reconoce que no se trata de resucitar los grandes momentos de la escuela de la exigencia, pero sí de seguir su espíritu: “Mis queridos amigos, nosotros no resucitaremos la escuela de Jules Ferry  y de los Húsares negros de la República.[4] Pero es con su misma exigencia, con sus mismos objetivos, en nombre de los mismos valores, con lo que queremos cambiar la escuela, con lo que queremos restaurar la confianza en la escuela.

La autoridad, la responsabilidad, la autonomía, la experimentación, la individualización, la exigencia intelectual y moral, el respeto al trabajo, esas son las bases que les propongo para reconstruir la escuela de la República.”

Heroicamente, emprende una tarea de titanes: “La República, la civilización, he aquí por qué, en nombre de qué, quiero hacer de la escuela una prioridad durante los próximos cinco años.

La tarea es inmensa, las dificultades serán enormes porque el mal es profundo, Pero sin duda es la tarea más excitante, la tarea más bella porque es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros niños.”

Pero no podrá completarla en soledad. Necesita la ayuda de su pueblo: “ Francesas, franceses, os necesito. Ayudadme, ayudadme, ayudadme a fortalecer a Francia. Ayudadme a dar un futuro a nuestros niños. Ayudadme a hacer triunfar los valores que constituyen la grandeza de Francia. Ayudadme a hacer triunfar la verdad sobre la mentira. La excelencia contra la facilidad.

¡Viva la República!

¡Y viva Francia!”


[1] 6º y 5º son los dos primeros años de la enseñanza secundaria obligatoria (se cursan a los once y doce años, respectivamente)

[2] La « Classe de terminale » es en Francia el último año del instituto. La edad de entrada es a los 17 años.

[3] Aprendizaje teórico-prácticas en centros

[4] De la Wikipedia: “Jules Ferry (Saint-Dié-des-Vosges, 18321893), Político francés, abogado, periodista y de familia acomodada, participó activamente en la oposición republicana contra el Segundo Imperio: fue famoso su ataque contra las reformas urbanísticas del Barón de Haussmann (Las cuentas fantásticas de Haussmann, 1868); y también denunció los abusos del régimen desde el escaño que logró en el Cuerpo Legislativo en las elecciones de 1869.

Al hundirse el Imperio por su derrota en la Guerra Franco-Prusiana (1870-71), Ferry fue nombrado alcalde de París. Luego, durante la época de Mac-Mahon, fue alejado del poder nombrándole embajador en Grecia (1872-73); pero siguió siendo diputado en la Asamblea Nacional, contribuyendo a fundar la Tercera República Francesa (1873).

Líder de los republicanos oportunistas frente a los radicales de Clemenceau, Ferry ejerció una gran influencia política en los años 1876-85. Como ministro de Instrucción Pública (1879-81 y 1882) y presidente del Consejo de Ministros (1880-81 y 1883-85), venció la resistencia católica e instauró un sistema de enseñanza pública laica, obligatoria y gratuita, que habría de constituir uno de los pilares de la República. Impregnó a la sociedad francesa de los ideales republicanos regulando por Ley el divorcio y las libertades de prensa, reunión y asociación.

Se cuenta que en las escuelas se alentaba a los niños después de las reformas de Jules Ferry, a colorear Alsacia y Lorena en negro sobre el mapa de Francia (territorios que había cedido a Alemania en el Tratado de Fráncfort). Esta generación fue educada bajo la idea de vengar la afrenta de 1870, derrotando a los alemanes.

Ferry se mostró partidario del Imperalismo colonial francés, llegando a afirmar que “las razas superiores tienen derecho con respecto a las razas inferiores porque existe un deber para con ellas; las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas inferiores”.”

A partir de 1913, se denomina « Húsares negros» a los maestros públicos, tras las leyes escolares de Jules Ferry.

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