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DI NO

DI NO

(Autor/a un compañer@ de la Marea Verde)

Decir “No” es algo que a priori puede entenderse como una muestra de disconformidad con alguna cuestión con la que no se está de acuerdo. La formulación de dicha expresión suele ir acompañada por parte de quien la emite de una postura que refuerza dicha expresión.

Lo que a todas luces aparenta ser un simple y fácil proceso, en estos días que corren resulta más difícil de lo que parece, y buen ejemplo de ello lo constituyen las múltiples situaciones que vienen sucediendo desde hace varios años y que, en la actualidad, se han incrementado considerable y vergonzosamente.

No faltan cuestiones que motiven este rechazo, tales como desencuentros, provocaciones, sinvergonzonerías, despropósitos, ataques a los más básicos derechos, falsedades, comportamientos decepcionantes, prepotencia, soberbia, majaderías, ineptitudes, incapacidades…

Entre los atropellos cometidos, destacan los que los dos partidos mayoritarios, tanto el que se dice de izquierdas, PSOE, como el que se proclama de centro, PP, han llevado y está llevando a cabo contra la Sanidad y Educación públicas, así como contra el Estado del Bienestar, al menoscabar los derechos básicos de la población, muy especialmente los laborales. Pero tampoco hay que olvidar el más que lamentable comportamiento de esos grupos sindicales que dicen ser representantes de los trabajadores. Estos colectivos ya dieron muestras, por ejemplo en Madrid, desde comienzos del curso escolar 2011-2012, de que su proceder, más que ejemplo de lucha incondicional por los derechos de los trabajadores de la educación pública y por la educación pública en sí, era en realidad una actuación encaminada a la obstaculización, la contención, el freno o la manipulación de lo que se ha dado en llamar la Marea Verde. Buena muestra de ello la dieron haciendo promesas que desde el primer día no cumplieron, convocando un sinfín de reuniones y asambleas que se solapaban en el tiempo, favoreciendo el desencuentro con multitud de encuestas que rayaban lo inaudito… Pero este comportamiento no es nuevo. Si hubiéramos mirado atrás quizás podríamos haber recordado todos aquellos momentos en los que esos que dicen llamarse sindicatos vendieron a los que representan por unos privilegios, dinero o preponderancia por encima de otros; o más cercanas en el tiempo, las declaraciones que lamentablemente han emitido a comienzos de enero de 2012 algunos de estos líderes sindicales, en las que más que llamar a la defensa de los derechos de los trabajadores, parecen aceptar como irremediable y necesario un panorama laboral terriblemente precario y que deja más que vendidos a los trabajadores. Si tan nefasta es la situación y hay que sacrificarse por el bien de todos, ¿por qué esos sindicatos no tienen el gesto de renunciar a las subvenciones que reciben por ejemplo del Estado? Quizás ese dinero también ayudaría a paliar la crisis. Claro está que si antes de empezar la batalla ya se da por perdida, poco hay que hacer. No nos engañemos, la mayor parte de los sindicatos hoy en día funcionan realmente como partidos políticos, que buscan su propio interés por encima de todo sin importarles a quién vender.

Ante dicho sentir, no faltarán las voces que prontamente se escandalizarán frente a lo que denominan un ataque indiscriminado contra unas instituciones a las que se considera absolutamente necesarias por el bien de los trabajadores, calificando de exacerbado derechista o radical al que suscribe este artículo. Pero al contrario de lo que puedan pensar, opino que los sindicatos, siempre y cuando actúen y se comporten como los auténticos sindicatos que debieran ser (sería conveniente que revisaran los principios por los que surgieron), son necesarios e imprescindibles, pues sin ellos los trabajadores estaríamos vendidos sin solución alguna. De cualquier otra manera, los pseudosindicatos no tienen sentido y son una auténtica lacra.

Al mismo tiempo, casi todos los días, especialmente los próximos a importantes fiestas o en pleno periodo estival (con alevosía), nos despertamos con noticias que deberían hacernos retorcer de dolor y provocar tal indignación que el sentir de ese malestar fuera clamoroso en la calle. Me refiero a políticos (especialmente del PPSOE) que olvidan rápidamente promesas electorales, cada vez en menos tiempo, que donde dijeron Digo ahora dicen Diego, que mucho prometen hasta que te la … y que creen tener un cheque en blanco para hacer lo que les da la gana durante 4 o más años por el simple hecho de tener una más que discutida mayoría absoluta en un sistema electoral que poco tiene de justo. Si a esto se le puede llamar Democracia sería un asunto que nos llevaría largas horas debatir, pero el hecho de los atropellos a los que nos someten continuamente debería ser excusa más que suficiente para que saliéramos a reivindicar nuestros derechos y a demostrar quién tiene realmente el poder. Un simple vistazo atrás en la Historia refleja que en los momentos en los que el pueblo se ha movido en masa, se ha impuesto un cambio que ha frenado las insaciables ansias de control y dinero de los grupos de poder.

Otro ejemplo para la indignación debería ser que frente a un hecho como que vivimos en un Estado Aconfesional, la Iglesia Católica sigue manteniendo una posición de poder y privilegios que vistos desde un punto de vista objetivo no tienen lógica alguna. Sin embargo, ahí tenemos los múltiples colegios concertados religiosos con crucifijo en la pared que inundan nuestro país y que en algunos casos incluso se permiten el lujo de segregar a los chicos de las chicas, en virtud de no se sabe qué criterio pedagógico, y en donde el personal es seleccionado a dedo pudiendo reclamar pocos derechos como trabajador, pues se expone a perder su trabajo. Al tiempo que reciben el dinero del Estado para sufragar los gastos de estos centros y pagar al personal, cobran cuotas obligatorias e ilegales, disfrazadas como donaciones voluntarias, a los padres de sus alumnos.

Frente a los incansables recortes, pérdida acelerada de derechos y continuos sacrificios que se nos pide a la población, quizás recientes noticias como que 519.000 euros fueron destinados a limpiar las alfombras del Congreso (BOE 12 octubre 2011), que 895.000 euros han sido destinados a renovar los equipos informáticos de sus señorías tras las elecciones del 20 N (pack por senador que incluye Ipad, Iphone, ordenador de sobremesa y conexión de banda ancha a internet con acceso desde su domicilio), aquellos otros titulares por los que nos informamos de que 1.500.000 euros han sido destinados a adquirir gases lacrimógenos para 2012, o que más de 13.200.000 euros van a ser destinados al mes para la Iglesia Católica (ambas partidas incluidas entre otras tantas bastante cuestionables en los presupuestos generales del Estado, BOE 31 diciembre de 2011), o bien las subsiguientes medidas de ajuste hechas públicas el día 5 de enero de 2012, -nótese las fechas en las que se aprueban estas partidas, pues no son casuales-, deberían ser motivos más que suficientes para que el clamor popular hubiera sido masivo en las calles de nuestro país. Pero estos son tenues ejemplos de algo que ya se venía produciendo desde hace muchísimo tiempo: despilfarro en tarjetas de crédito, costosos coches oficiales, actos protocolarios prescindibles, sueldos desorbitados, puestos de confianza, gastos de imagen (peluquerías, trajes, etc.)… todo ello cargado a las arcas del Estado.

Lo más triste es que estas tropelías siguen cometiéndose, que la mayor parte de los que se han beneficiado de ellas se han ido e irán de rositas y que, como dice la sabiduría popular, Estos no se hartan ni en un Verde.

En estas circunstancias decir un NO rotundo a las continuas manipulaciones a las que nos someten sindicatos y políticos, a las coacciones sobre los trabajadores, a la pérdida de nuestros derechos básicos, a los sacrificios que se nos piden cuando no dan ejemplo los que nos los imponen, al copago (o más bien repago), a los gastos innecesarios en un momento tan duro y a las partidas presupuestarias destinadas a cuestiones de las que se puede y debe renunciar en épocas de crisis, a los desmanes de los mercados y bancos, al desmantelamiento a marchas forzadas del Estado del Bienestar, a tantos y tan sistemáticos y continuos atropellos debería ser más sencillo que nunca, así como el hecho de secundar esa expresión con acciones que refuerzan nuestra postura y no doblegarnos a la primera de cambio, sin ni siquiera intentarlo o sin mostrar el suficiente coraje. Sin embargo, el aburguesamiento, aborregamiento, sometimiento y aceptación de la situación como inevitable y necesaria siguen siendo la tónica. Quizás el miedo, el mirar hacia otro lado, la pasividad, el Si caigo yo que caiga también el vecino, el Virgencita que me quede como estoy… el que otros hagan y -como dice José Mota- luego yo yaaaa entre otras múltiples explicaciones estén detrás de este comportamiento.

No estoy de acuerdo con el dicho Nunca es tarde para actuar. Cada vez queda menos tiempo y cuando se complete el círculo poco se podrá hacer; aunque eso sí, a algunos siempre nos quedará el sentido común.

3 comentarios sobre “DI NO

  1. http://www.change.org/petitions/la-polucin-que-ahoga-madrid-the-pollution-drows-madrid-qu-limpien-el-aire-altamente-contaminado-de-madrid-con-urgencia No a la polución que nos ahoga en Madrid. Si haceis el favor de firmar y compartir con amigos y familiares, le DIREMOS “NO” A LAS MALOS AIRES DE LA CAPITAL Y A LA SUPUESTA FALTA DE INTERÉS DE LOS QUE PUEDEN ATAJAR ESTE OTRO GRAVÍSIMO PROBLEMA PARA LA SALUD DE TODOS, NIÑOS,ADULTOS,ANCIANOS . SI ELLOS NO MUEVEN UN DEDO: HAGÁMOSLOS NOSOTROS!!
    #polucionMadrid en Twitter
    Gracias a tod@s

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