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Espe se nos marea. Ante su falta de argumentos, mejor hablar de camisetas que de la privatización del sistema educativo madrileño

Todo  nuestro apoyo y solidaridad.

* Fuente: Europapress. PP pide que las asociaciones que venden la camisetas verdes no reciban subvenciones

El PP de Madrid solicitará la inhabilitación para pedir subvenciones públicas de la Asociación de Vecinos Palomeras Bajas, la Plataforma en Defensa de la Educación pública y la Fapa Giner de los Ríos encargadas, según los ‘populares’, de vender la camisetas que se han convertido en el emblema de la ‘marea verde’ integrada por quienes se manifiestan contra los recortes educativos.

http://www.europapress.es/madrid/noticia-pp-madrid-pedira-inhabilitacion-pedir-subvencion-asociaciones-venden-camiseta-marea-verde-20111007122005.html

5 comentarios sobre “Espe se nos marea. Ante su falta de argumentos, mejor hablar de camisetas que de la privatización del sistema educativo madrileño

  1. EL PARTIDO DE LOS TRAJES NO TOLERA LAS CAMISETAS VERDES

    No me negaréis que el asunto tiene gracia: el PP ha amenazado con presentar una demanda contra tres asociaciones cívicas, entre ellas la FAPA “Giner de los Ríos, por la venta supuestamente fraudulenta de camisetas verdes, por no venderlas con recibo ni factura y por no cobrar el preceptivo IVA. Sí, tiene gracia; de la mala, pero gracia al fin y al cabo.

    Pongamos el asunto de marras en perspectiva. Este es el país de las “correas”, de las comisiones invisibles e interminables, de la financiación irregular –es decir corrupta- de los partidos políticos, de los trajes, de los relojes, de los regalitos a diestro y siniestro, es decir a derecha y a izquierda, de los premios de lotería reincidentes en el mismo sujeto, del hoy por ti y mañana por mí, de si te he visto no me acuerdo y de quien a San pedro se la dé San Pedro se la bendiga. Este es el país del patio de Monipodio y de Rinconete y Cortadillo, perdonad las referencias cervantinas, quizá pedantes pero oportunas en un lugar donde los pícaros y los tunantes reciben aplausos y felicitaciones hasta de las autoridades, aunque es bastante común que aquellos y estas se sustenten en las mismas piernas y coman con la misma boca.

    Este es el país de las empresas con cajas A, B y C, de las empresas con libros de contabilidad internos, externos y mediopensionistas, de las empresas tapadera, de las empresas que lavan el dinero sucio, lo planchan y lo tienden al sol del Caribe, de las empresas muertas, enterradas y resucitadas al tercer día con otro nombre y otra dirección pero por los mismos sinvergüenzas, de las empresas fantasmas que nadie ve pero que todo el mundo puede rastrear –excepto la Hacienda Pública- por el reguero de impagados y de chanchullos que dejan a su paso

    Este es el país de la economía sumergida a tanta profundidad que nadie logra hacerla emerger del todo, ni incluso con las periódicas amnistías y bendiciones legales, para mayor gloria de todo tipo de rufianes que pasan incluso por grandes capitanes de empresa y por emprendedores, aunque sus empresas no tengan razón ni domicilio social.Dicen con fundamento que la economía sumergida puede alcanza el 25% del PIB de España. Una pasta gansa que no grazna pero vuela muy alto.

    Este es el país en que miles de profesionales liberales –bendita palabra esta- obtienen generosas y liberales ganancias en miles de consultas, de bufetes, de despachos de todo tipo, sin ofrecer a los clientes recibo ni papel alguno, so pena de gravar peligrosamente sus inestimables –sobre todo para la Hacienda Pública- servicios.

    Este es el país en que miles de los denominados “autónomos” trabajan sin escribir palabra ni número alguno en ningún papel, mucho menos una firma al pie de una factura inexistente, para favorecer a los clientes de sus servicios que así se ahorran el IVA. Desde luego llevan su autonomía a la “independencia” total de la Hacienda Pública.

    Y nos estamos moviendo por debajo o al ras del suelo, en el mundo de los pequeños negocios, de la calderilla y de la poca monta, del chocolate del loro, aunque chocolate aquí y chocolate allá se distraigan miles de millones. Imaginaos si nos remontásemos a las alturas vertiginosas de las grandes empresas, de las multinacionales, de los grandes grupos inmobiliarios, de las grandes fortunas, de las SICAV, de la Banca, ¡ay!, de la Banca. Imaginaos si prolongamos el vuelo hasta los paraísos fiscales en destinos exóticos. Sería bonito, pero las retribuciones perdidas por los días de huelga nos obligan a cancelar el viaje a las Islas Caimán. Otra vez será, quizá cuando nos jubilemos a los 70 años.

    Y con todo esto –y mucho más que la ignorancia y la prudencia aconsejan pasar por alto- viene el PP y dice que va a denunciar el “fraude fiscal” de la venta de unas puñeteras camisetas verdes. Y viene Esperanza Aguirre, que nunca ha mostrado escándalo alguno por los escándalos que de forma continua sacuden aquí y allá a sus correligionarios y a ella misma -la memoria es débil y casi nadie recuerda ya el tamalyazo, santificado luego por las urnas que todo lo tapan con los votos- y poco menos que acusa a IU de atracar en plena calle a los ciudadanos. ¿No siente uno vergüenza ajena?

    Otra pregunta es inevitable. ¿Pone el mismo celo nuestra Presidenta –también es la mía aunque considere letal la orientación política, económica y social de su Gobierno- en la denuncia de las camisetas, banderitas, calcomanías, pegatinas y demás parafernalia –los finos lo llaman “merchandising”- que venden sus militantes a la puerta de sus sedes, en suss congresos y mítines, o a la puerta del mismísimo Corte Inglés, pongamos por caso, como por otra parte hacen miles de asociaciones de todo tipo en España? Puestos a investigar tonterías -ya que no hay coraje político ni voluntad para perseguir los innumerables delitos económicos y financieros de gran calado que se cometen un día sí y otro también- podíamos empezar por ahí y no por las camisetas verdes.

    Claro que no cabía esperar más compresión en este caso de quien nos ha motejado de militantes de la ceja o de la calva, de quien nos ha acusado de golpear a peregrinos -¿alguien por cierto vio alguna camiseta verde en medio de la marea “naranja”?- o de ser unos vagos impenitentes incapaces de trabajar dos horas más.

    En ese proceso planificado de demonización de los profesores de la enseñanza pública que ha emprendido la señora Aguirre, con ayuda de sus mamporreros periodísticos, este asunto del IVA parece un vulgar sainete. Va a por los profesores, pero ya que no puede denunciar fraude fiscal alguno entre sus filas, porque el de funcionarios es uno de los pocos colectivos que no pueden practicarlo, se rebaja a denunciar unas vulgares -a mucha honra- camisetas verdes. Nos reiríamos con gusto si no fuera porque no tiene maldita la gracia.

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