Documentos·Instrucciones inicio de curso (2011-12)

Soy Pública propone esta carta de respuesta a Esperanza Aguirre

Respuesta a la carta de Esperanza Aguirre a los profesores

Señora Aguirre, usted nos dice que una situación de crisis se ha de afrontar mediante ahorros económicos y que esta medida justifica el aumento de tan sólo dos horas lectivas al profesorado. Nos aclara por lo demás que ese esfuerzo personal del docente vendrá retribuido económicamente de alguna manera.

Desmontado el asunto del ahorro económico:

Usted nos dice que estas medidas suponen un ahorro de 80 millones de euros al año, pero por otro lado las arcas del erario público dejarán de ingresar 90 millones debido a los beneficios fiscales de los que gozarán aquellas familias que envían sus hijos a la escuela privada (y aquí no se incluye el dinero que deja de recaudarse por medio de la desgravación indirecta a los concertados, con los chanchullos que permiten hacer la declaración de la renta a nombre de una organización religiosa). Quiere esto decir que usted arrebata de la Escuela Pública unos fondos porque quiere destinarlos a bolsillos privados; en consonancia con los deseos de la patronal ha triplicado el tramo de renta, lo que supone un regalo fiscal para las rentas más altas. Su apuesta es clara, señora Aguirre. Usted no ahorra, usted invierte dinero público en la enseñanza privada.

Por otro lado he de recordarle mi horario como docente, que no es de 18 horas lectivas sino de 37,5 horas, y ello sin considerar el esfuerzo y dedicación personal fuera de ese horario para la preparación de mis clases, la elaboración de materiales didácticos, de actividades de refuerzo y profundización para el seguimiento atento y personalizado de la evolución en el proceso educativo de cada uno de mis alumnos, la revisión y corrección de sus tareas y sus exámenes. Tampoco incluiré en ese horario el tiempo dedicado a seguir perfeccionando los conocimientos relativos a mi especialidad para estar al día en la educación que imparto; ni mi esfuerzo por adecuar dichos conocimientos a la situación concreta de mi centro o grupo.

Decir que un profesor trabaja sólo las horas que está presente en el centro educativo sería como decir que usted trabaja sólo el tiempo que está sentada en su escaño. Nuestra profesión exige un esfuerzo personal y una generosidad que va más allá de las horas de presencia efectiva en nuestros centros. Usted que también desempeña una función pública debería saberlo.

Mi rechazo a las instrucciones del inicio de curso se relaciona con otros asuntos.

Con estas instrucciones de inicio de curso no sólo está en juego la defensa de los derechos que nos asisten en materia laboral a los trabajadores; las consecuencias globales de esta medida, que usted no menciona, suponen la degradación de las condiciones en las que hemos de desarrollar nuestra tarea de docentes y que afectarán al servicio mismo que se da al alumnado desde el ámbito público de la Escuela; también es una consecuencia destacable y nada desdeñable, como lo es para usted, la supresión de los 3000 puestos de trabajo de interinos que son parte de las plantillas de los centros (que se suman a los más de 2500 interinos afectados ya por los recortes del año pasado); si esto fuera poco con estas medidas nos jugamos todo un modelo de educación. El modelo de la educación pública. Su defensa no sólo concierne a los docentes sino que incumbe a todos: alumnos, padres y madres, ciudadanía en general, pero también es parte de mi trabajo como funcionario al servicio de lo público. Toda medida que degrade el servicio que ofrece la Escuela pública ha de ser contestada de forma contundente por parte de sus trabajadores como una de sus obligaciones, según figura en el estatuto del funcionario, el reglamento que rige este cuerpo especial de profesionales de la enseñanza.

Para su información señora Aguirre, mi más profunda “vocación” es una enseñanza libre de dogmas, científica y humanística, que garantiza la igualdad de oportunidades y la convivencia en la diversidad constitutiva de toda sociedad. Es mi “vocación” como docente público la que me mueve, señora Aguirre.

Guarde sus caramelitos…

12 comentarios sobre “Soy Pública propone esta carta de respuesta a Esperanza Aguirre

  1. Muy buena carta compañerxs, si señor!! también estaría bien recordarla que en muchos centros ya no tenemos ni presupuesto para fotocopias, así que no gaste tanto dinero en cartitas.

  2. Claro, preciso y contundente. Muchas gracias. Llevaré esta respuesta a la asamblea de mi centro el lunes y propondré que no sólo se envíe masivamente a la Sra. Aguirre, sino que llegue a todas las familias de la localidad ( Alcorcón) Con el apoyo del claustro y de toda la comunidad educativa, incluyendo el AMPA tan activa e implicada que tenemos y nuestro alumnado, peinaremos todo Alcorcón y no habrá buzón que no tenga este u otro comunicado de estas características para desenmascarar las verdaderas intenciones de esta señora.

  3. PROPONGO QUE CADA UNO DE LOS INTERINOS QUE NO VAN A SER CONTRATADOS ESTE AÑO Y TODO PROFESOR QUE QUIERA, A TÍTULO INDIVIDUAL, ESCRIBA UNA CARTA PERSONAL ACERCA DE LO QUE SIGNIFICA SU TRABAJO. NO DESPOTRICANDO, QUE ESTO YA SE HA ESCUCHADO MUCHO, SINO EXPLICANDO LO QUE SIGNIFICA PARA CADA UNO SU TRABAJO COMO PROFESOR.

  4. me parece una carta coherente, ” redonda”. Fundamental el hecho de su máxima difusión , más allá de lo que podamos hacer desde nuestros ordenadores.
    Con consternación recordar, que el trabajo que nuestra presidenta se propuso con la Sanida , está a punto de acabar , los hospitales pendientes, sin duda se “aparcarán” los construídos y reformados por las empresas que asomaban ” las patitas” en asunto denominado “Tamayazo” , tienen un cláusula muy determinante ” el personal sanitario será contratadao por las empresas que las gestioanan”
    La educación es su espina más profunda, lleva intentándolo desde el 2003…. ¡ Ya es la hora ¡ ” cuando las barbas de tu vecino ……….

  5. ¿Que tal si dejamos de indignarnos y reconocemos nuestras culpas? Salvando las honrosas excepciones -que las hay_ ¿Cuando se ha apoyado un expediente a los profes que no cumplen con sus obligaciones? ¿Cuando se ha puesto a los alumnos y sus familias por delante de las miserias cotidianas de “mi horario” y “mis derechos”? ¿Quién se ha plantado frente a la dejación de responsabilidades y mirar para otro lado? La huelga del 14 es indefendible y los elementos honestos deberian negarse a ser un pelele en manos de unos sindicatos que solo protestan por sus subvenciones y que -verdaderamente- no nos representan. Si se paraliza un centro se le está haciendo el juego a quienes dejan España con 5 millones de parados y la educación hecha unos zorros, con uno de los mayores fracasos de Europa, sin que dimita ni el Ministro de Educación. Ese PSOE que quiere mantenerse con disturbios y mentiras.
    Todos tenemos que arrimar el hombro porque si no, nos hundimos.

  6. Yo añadiría, cuando se habla del modelo de educación pública, una explicación de las consecuencias directas sobre el alumnado (he podido comprobar que incluso a personas sin animadversión hacia los profesores les cuesta entender qué es eso de la pérdida de refuerzos, desdobles, extraescolares, etc.). Por lo demás, estupenda.

  7. No sé de dónde habeís sacado lo de las 37,5 horas. Yo soy profesora interina de secundaria de la escuela pública en Euskadi. Según el convenio de la función pública, el horario de dedicación es de 30 horas, pero ¡OJO! el de permanencia es sólo de 23. La inmensa mayoría de los profesores de secundaria permanece en los centros sólo el tiempo indispensable, y el único trabajo que hacen en casa es corregir trabajos y exámenes. Yo desde luego jamás he dedicado 37 horas semanales, y sencillamente no me creo que haya muchos profesores que lo hagan. O sea que menos cuento.

    1. Pues por ahí tenéis mejor horario. Nosotros 27 de permanencia (que yo simpre he cumplido) y 37,5 de dedicación. Entre nuestros documentos podrás encontrar alguno donde se desgranan las horas.

    2. Debo ser un poco inepta pero te aseguró que dedico muchas más horas que 37’5 a la semana (tampoco me quejo, lo mío es vocacional). Me explico: fin de semana que tengo que corregir dos grupos de «Historia de la Filosofía» de 2º de bachillerato: 37 en un grupo y 34 en otro, total 71, a diez minutos por examen (redactan fatal y la caligrafía es nefasta) son 710 minutos, es decir, son diez horas, cinco el sábado y cinco el domingo (he quitado una hora porque siempre hay alumnos que no se presentan o dejan el examen en blanco). Durante la semana no puedo corregir porque me dedico a preparar las clases de mi nueva asignatura (todos los años tengo una nueva o quizás dos o incluso tres) y este año ha sido «Psicología», lo que me ha resultado muy interesante. Calculo que han sido dos horas por cada hora lectiva, así que ocho horas a la semana. El resto de las asignaturas no tengo que prepararlas ya que llevo muchos años en la enseñanza, pero siempre hago alguna corrección o alguna rectificación. Además durante la semana preparo apuntes para los alumnos, porque este curso decidimos que no compraran libros de texto (estaba en una zona con muchos problemas económicos) y los apuntes se los enviaba por internet. Pongamos tres horas semanales. Al fin de semana siguiente me toca corregir los exámenes de la asignatura de «Ciudadanía»: son cuatro grupos, de 25, 24, 27 y 26, total 102, pero estos son más fáciles de corregir, pongamos cinco minutos por examen, es decir, 510 minutos, 8 horas (de nuevo alguno falta o pasa de contestar), cuatro horas el sábado y cuatro horas el domingo. Siguiente fin de semana toca los cuadernos de los alumnos de «Ciudadanía», pero son menos porque la mitad no los entrega, así que sólo cuatro horas. Siguiente fin de semana, un alivio, toca el examen de los 32 alumnos de «Psicología» y éste es el más fácil de corregir, así que en tres horas acabo. A la siguiente semana empiezan los exámenes de recuperación, que es vuelta a empezar porque por ejemplo del grupo de 37 alumnos de 2º de bachillerato aprueban 5 que piden si se pueden volver a presentar para subir nota, petición que es concedida. Mi horario este año eran 27 horas (entraba a las 9’05 todos los días y salía a las 14’00 o a las 15’05). Luego de vez en cuando están las reuniones con los padres, las evaluaciones, los claustros, etc. por las tardes. Y no te detallo los imprevistos, como alumnos que entregan exámenes realizados en casa voluntarios para que los corrijas porque no le pillan el truco a la asignatura o alumnos que te piden que te quedes para que les des una clase particular, para no extenderme. Yo creo que sí son más de 37’5 horas semanales ¿no? Además tengo un pequeño problema añadido y es que tardo hora y media en ir y hora y media en volver al instituto, lo que hace que entre semana pierda tres horas en el transporte cada día, y así llevo doce años, unos años en el Norte de Madrid, otros en el Sur, otros en el Oeste y otros en Este, pero aprovecho para leer en el tren.

      NOTA: Un año estuve en un instituto en el que las A.C. en vez de ser una hora en la que se pudiera preparar unas fotocopias o resolver alguna gestión o hablar con los profesores porque tienes una cita con el padre de un alumno de tu tutoría te mandaban a ayudar al jefe de estudios o al departamento de orientación y he estado en otros que, en cambio, al poner esas horas después de las clases, en vez de en medio, la mayoría de los profesores se marchaban, aunque en teoría deberían permanecer en él.

  8. Madrid, 9 de septiembre de 2011

    Estimada Presidenta de la Comunidad de Madrid Doña Esperanza Aguirre:
    Disculpe la tardanza con la que respondo a su carta, pero en los últimos días he estado muy ocupada terminando el curso en el I.E.S. Complutense de Alcalá de Henares, donde hasta la fecha tenía plaza. En su carta, recibida junto con la nómina de agosto, solicita que los profesores hagamos un mayor esfuerzo el próximo curso académico debido a la situación económica, y esta petición que puede resultar ofensiva puesto que da a entender que en el pasado los docentes no hemos cumplido nuestras obligaciones con la debida responsabilidad, me resulta, lamento decirlo, imposible de cumplir. Este septiembre me encuentro, junto a otros 749 profesores funcionarios cuyos nombres y apellidos los encontrará publicados en el portal de la Comunidad de Madrid con fecha de 8 de septiembre, en la inverosímil situación de que estoy trabajando menos que otros cursos. Así que en vez de tener que compaginar las sesiones de exámenes, evaluaciones y atención a las reclamaciones de un instituto con la preparación del nuevo curso en otro, normalmente en una localidad diferente de la Comunidad de Madrid, estoy a la espera de lo que decida la Consejería de Educación. Es decir, que me ha sido imposible por el momento presentarme en mi nuevo centro, familiarizarme con la organización del instituto, investigar los recursos con los que cuenta, reunirme con mis nuevos compañeros del departamento, distribuir las asignaturas a impartir, revisar los libros de texto, elaborar las programaciones de las asignaturas, etc. Si esta situación anómala se resolviera próximamente y se asignaran puestos a los funcionarios tal y como debería haberse hecho en julio, no dude que haré todo lo posible para que esta falta de preparación no afecte a los alumnos, aunque me temo que la inevitable improvisación no va a redundar en la calidad de la enseñanza.
    Quisiera comentarle, además, otro aspecto que me atañe personalmente. Los últimos tres años he realizado durante el verano cursos organizados por la Comunidad de Madrid primero en The College for International Studies, luego en Norwich Institute for Language Education y, por último, en Canterbury Christ Church University y me presenté a la convocatoria de habilitación lingüística, obteniendo la habilitación en lengua inglesa, en julio de 2010. La participación en estos cursos muestra, por tanto, mi disposición, al igual que la de muchísimos docentes, a trabajar más allá del cometido establecido legalmente. Pero lo que me preocupa no es el entusiasmo y la dedicación de los profesores, de la que no tengo ninguna duda, sino que tenía entendido que el programa de bilingüismo era una prioridad para la Consejería de Educación, y por ello me extraña sobremanera que no se nos permita a los profesores habilitados aplicar los conocimientos adquiridos en los cursos financiados por la propia Comunidad de Madrid. Además, imagínese mi sorpresa y la de los otros profesores asistentes al curso, cuando en Canterbury la Asesora Técnico Docente que coordinaba el curso nos informó de que la Comunidad este curso iba a permitir que los asesores lingüísticos irlandeses impartieran clase, en vez de tener funciones exclusivamente de apoyo. Se da, por tanto, la paradoja de que se contrata a profesores extranjeros mientras que no se asignan puestos a los profesores funcionarios. Dado que la Comunidad de Madrid, según Telemadrid, ha invertido 2 millones de euros en el Plan de Formación en Lengua Inglesa, siento discrepar, pero la medida que la Consejería de Educación ha adoptado no me parece que suponga un ahorro, sino un despilfarro de los recursos.
    Si la pretensión fuera reducir el nivel de gasto y de endeudamiento de la Administración se me ocurren soluciones mucho más ingeniosas. Aunque seguramente sus asesores le pueden sugerir medidas, me atrevo a proponerle una: dada la familiaridad que tienen todos nuestros alumnos con internet y las nuevas tecnologías  incluso aquéllos que proceden de medios menos favorecidos, como con sorpresa he podido comprobar en los diversos institutos en los que he impartido clase se podría abogar por la eliminación de los libros de texto. Esto supondría un considerable ahorro para las familias, la desaparición de las becas de libros que suponen 30 millones de euros, aunque no se especifica en el portal de la Comunidad cuál es la cuantía que va destinada a los alumnos de secundaria y aligerar las mochilas sobrecargadas de nuestros adolescentes. Los profesores podrían emplear esas dos horas semanales, que la Consejería pretende implantar, para elaborar materiales didácticos que se distribuyeran por la red. Quizás esta novedad podría llevar también a la reducción, sino la desaparición, de las ingentes cantidades de fotocopias que se emplean en los institutos, que suponen un gasto económico considerable, que no sé cuantificar, y un atentado ecológico. Quizás a las editoriales no les pareciera una medida conveniente, pero pudiera ser que entendieran «la situación crítica por la que atraviesa nuestro país.»
    Para terminar me gustaría aclarar que mi oposición a las instrucciones para el nuevo curso académico no se debe a que los profesores vayamos a impartir 20 horas lectivas ya el año pasado daba 19 horas lectivas sino a que esta medida suponga el despido de un número de profesores que oscila entre los 3500 calculados por los sindicatos y los 1700 que calcula la Consejería de Educación. Si en las instrucciones para el nuevo curso, junto a la ampliación del horario lectivo, se hubiera añadido una reducción del número de alumnos por grupo, seguro que los profesores hubieran aceptado la normativa, algunos con agrado y otros con cierto descontento, ya que no implicaría la eliminación de puestos de trabajo. Muchos profesores trabajan muchas más horas de lo que sus horarios les obliga: por poner sólo un ejemplo, cuando acompañan a los alumnos a visitas, excursiones o viajes de fin de curso, y lo hacen al considerar que estas actividades serán una experiencia educativa interesante para sus alumnos. En mi caso, he organizado y acompañado a mis alumnos de 4º de la E.S.O. en tres ocasiones a viajes de fin de curso a París cuatro días, lo que claramente supera las 37’5 horas que establece mi horario. Pero mi caso no es excepcional, sino que he podido comprobar en los doce institutos donde he trabajado que son mayoría los profesores que dedican tiempo y esfuerzo a las actividades extraescolares. Los profesores, en general, estamos dispuestos a realizar este tipo de actividades, puesto que suponen un beneficio para nuestros alumnos, y llevamos años realizándolas, puesto que no implican el despido de nuestros compañeros. Me ahorro comentarios acerca de lo que supone que ese ahorro se vaya a destinar a incrementar la retribución de los profesores tutores de los institutos: 75 euros semanales no nos van a «compensar» por haber colaborado con la Consejería en esta medida que supone la expulsión del 10% de la plantilla.
    Atentamente,
    Alexandra E. Berk

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